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Uno de los magos más importantes de nuestro tiempo, Aleister Crowley, define la magia como el «arte de provocar cambios conformes a la voluntad. Cada cambio puede obtenerse mediante a aplicación del grado y de las especies de fuerza más adecuados, de la forma más adecuada y a través del medio más adecuado dirigido hacia el objeto más adecuado».

Así pues, para este estudioso, la magia es una forma de conocimiento que, además, no es abstracta ni tampoco es un fin en sí misma, sino que intenta proyectarse hacia la consecución de un fin concreto.
Es decir, que podemos afirmar en términos más modernos, que la magia es un conocimiento operativo de la realidad.
De todos modos, aunque esta definición es verdadera, según mi opinión es del todo insuficiente porque no diferencia la magia de giras disciplinas completamente diversas, como, por e et o, la ciencia, porque también esta última, de hecho, enseña a utilizar los instrumentos adecuados para obtener los efectos deseados.
Lo que diferencia a las dos disciplinas es esencialmente el método utilizado. centras la ciencia aspira constantemente a un punto de vista impersonal y objetivo, la nimia se basa precisamente en las experiencias personales y subjetivas de quien la practica.
Aleister Crowley perteneció a la sociedad Golden Dawn, que se dedicaba a los estudios mágicos con una perspectiva más occidental, retomando la tradición de los rosacruces y utilizando, además de la cábala, la magia ceremonial egipcia. Los adeptos más ilustres de esta sociedad fueron el ya citado Aleister Crowley y Dion Fortune. Se dedicaron, en particular, a la reconstitución de los ritos más antiguos, clásicos y egipcios, y a la investigación de las correspondencias descubiertas a través de la comparación entre las varias formas de mitología; también intentaron sintetizar tales correspondencias a través de la cábala y, más concretamente, con el Árbol de la Vida
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