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Poster tipográfico de la fuente Gabardina del diseñador gráfico freelance: deFharo

Horóscopo celta

CARPE

(4/6 al 13/6) y (2/12 al 11/12)



Carpe: Elegante

Relacionado con la magia medieval y la espiritualidad. Este nativo conserva siempre su sofisticado atractivo. Cuida con disciplina su salud y aspecto físico. En el amor es tradicional y más sensual que sexual. Reflexivo y responsable, los nacidos en primavera son perfeccionistas en exceso. Atraídos por el arte, triunfan como anticuarios o galeristas. Color: Todos los de la Naturaleza.
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El Vudú

ZombieEsta palabra evoca la imagen de muertos misteriosos, de cadáveres ambulantes o de ceremonias tan secretas como cruentas.
En realidad, el Vudú, en su significado más noble, no es otra cosa que una suma de creencias y de ritos de origen africano uni­dos a prácticas católicas. Tales creencias están bastante difundi­das en el campo y entre las clases más pobres de la República de Haití y de las regiones del Caribe en general.


La historia del Vudú se inició en la segunda mitad del 1600, con la deportación de esclavos a la isla de Santo Domingo.

Los esclavos provenían de varias partes de África, en especial de Dahomey y Nigeria. Una vez deportados, entraron en con­tacto con un sistema social y religioso distinto y más organizado, el cristianismo, que ya practicaban sus amos.
Estos esclavos crearon a partir de entonces una religión pro­pia que fundía las tradiciones de sus antepasados con el nuevo culto que habían acabado de aprender.
Nació de esta forma una nueva fe, impregnada de valores mís­ticos, que se basaba en plegarias, rituales, cantos y danzas que te­nían la intención de provocar el éxtasis, es decir la condición que permitía entrar en contacto con lo divino de la mejor forma.
Estas prácticas misteriosas y llenas de simbolismos, fueron confundidas a menudo por los europeos con la magia negra, de origen demoníaco; algo completamente equivocado, ya que in­cluso los loa, los espíritus invocados en el Vudú, tienen una na­turaleza esencialmente divina. Entre ellos, el más importante es Legba, el dios intérprete de los demás dioses, que posee las lla­ves del mundo espiritual (se trata de una extraña síntesis entre las figuras del dios griego Mercurio y de nuestro san Pedro).

 

VudúTambién forman parte del Panteón Vudú:

Agué-Taroyo, dios del mar y protector de los marineros;
Damballah-Wedo, dios serpiente identificado también con el arco iris (una serpiente del cielo) y con el rayo; se trata del dios de la plata que reparte riquezas;
—  Ogu, dios guerrero representado en la vestimenta de un sol­dado;
Ezili-freda-Dahomey, diosa sensual, amante del lujo y del pla­cer, comparada con la griega Afrodita.

Existen luego los guede, dioses de la muerte que poseen una na­turaleza ambivalente, a veces espantosa y a veces ridícula. Los representantes más ilustres de esta estirpe divina se llaman Ba­ron-Samedi, Baron-La Croix, Baron-Cimetiére, Guede-Nibo y Brigitte.
La tradición popular ha atribuido a Baron-Samedi el aspecto de un lúgubre empresario de pompas fúnebres, que va vestido siempre de negro y cuyo emblema es un ataúd con una cruz ne­gra rematada por un cilindro.
Además de los guede, existen también loa crueles, que pode­mos comparar con nuestros diablos.
Me he limitado a estos pocos ejemplos para proporcionar por lo menos una idea aproximada sobre la naturaleza de las di­vinidades adoradas en el culto Vudú, cuyo panteón es extraordi­nariamente rico y complejo.
Los rituales Vudú son muy particulares; para su descripción confío en el sugerente informe de una ceremonia redactada por Métraux, un estudioso francés que, gracias a sus oportunos co­nocimientos, tuvo la extraordinaria posibilidad de asistir al ritual en la noche de Navidad de un año impreciso entre 1940 y 1950.

«La fiesta empezó con la preparación de una enorme hoguera que debía arder durante toda la noche. El lugar donde se tenía que co­locar la hoguera se había señalado anticipadamente con un vevé (un dibujo simbólico que representa los atributos de una divi­nidad).
»Se trataba de un círculo cortado con ocho radios, cuyas li­neas se prolongaban más allá de la circunferencia.
»Los troncos de árbol dispuestos sobre los radios irradiaban desde el centro, donde se habían amontonado brasas y troncos de pino.
»El hungan o sacerdote escupió kimanga (una especie de bre­baje elaborado con hierbas) siguiendo el siguiente orden: tres ve­ces por encima del hombro, manteniendo el brazo doblado, cua­tro veces sobre la hoguera, tres veces en el aire y de nuevo tres veces sobre el fuego.
»Un mortero de grandes dimensiones se trasladó en ese mo­mento bajo la pérgola y fue colocado sobre una estera.
»El hungan lo consagró trazando en el interior y en el exterior vevés y luego lo cubrió con una tela blanca, como se hace a veces con algunos tambores.
»Después, sentado sobre una silla delante de los tambo­res, salmodió una serie de padrenuestros, ave marías, credos y otras oraciones, entremezcladas con las respuestas de los asistentes.
»Pasando luego de Dios y de los Santos a los loa, recitó una larga plegaria acompañada de estridentes silbidos. La plegaria duró aproximadamente una hora y media. »Al final empezó a retumbar el ritmo rápido y sincopado de los tambores. Aparecieron dos hombres que se habían cubierto la parte inferior de la cara con un pañuelo blanco y otro rojo. »Avanzaron hacia el mortero y, cogiendo el almirez, empezaron a triturar las hojas. »El coro de los presentes cantó himnos de alegría a los loa porque los espíritus acuden con mejor talante cuando se canta y se baila para ellos. »De pronto se escuchó un ruido confuso entre los presentes que parecía ser una pelea. »En realidad, la excitación colectiva había llegado hasta tal punto que varias personas estaban a punto de caer en trance y ser "poseídas" por las divinidades, una forma típica de relación entre hombres y dioses en la religión Vudú.
»En esa ocasión en particular, dos mujeres fueron poseídas por el dios de los bosques.
»Una, que se llamaba Docelia, y que estaba dotada de una musculatura particularmente robusta, en un cierto momento de la fiesta asumió una expresión particularmente malcarada.
»De pronto, saltó sobre el mortero con una agilidad de ga­cela manteniendo el equilibrio de pie sobre los bordes y con las manos sobre los lados. Se contoneaba al ritmo de los tambores, gritando y cantando a voz en grito y exhortaba a viva voz a los dos hombres que trituraban las hojas para que lo hicieran más rápidamente.
»En un momento dado, Docelia saltó al suelo y tumbándose sobre una estera hizo que le apoyaran el pesado mortero sobre los riñones para demostrar su fuerza. »Después de esto se vació el mortero y el sacerdote vertió dentro un potente licor al que prendió fuego con un tizón.
»Los trituradores de hojas sacaron del mortero con calaba­zas el líquido inflamado y se lo bebieron, luego sumergieron las manos en el brasero y se frotaron brazos y cara.
»Mientras tanto, el hungan se acercó a cada uno de los pre­sentes con una calabaza llena de polvos misteriosos y distribuyó un poco a cada uno de ellos.
»La segunda parte de la ceremonia empezó con cantos en honor de los loa. En aquello ocasión, se invocó de forma parti­cular a Baron-Cimetiére.
»Docelia se agitó mucho hasta que cayó pesadamente, de­rrumbándose sobre una silla. El dios de los bosques que la había poseído, la había abandonado de improviso.
»Luego, de repente, cayó al suelo con la mirada fija y los miembros rígidos. En ese momento había sido poseída por Baron-Cimetiére, que hacía que su cuerpo pareciera un ca­dáver.
»Otros bailarines tuvieron la misma suerte, pero además de este loa, terrorífico por definición, se presentaron algunos guedes burlones que obligaron a las personas que habían poseído a ca­minar con las piernas completamente rígidas y a declamar de forma escandalosa increíbles obscenidades.
»Los poseídos, bailando con mucha agilidad al ritmo de los tambores, se acercaron al fuego saltando en medio de las llamas.
»Sin embargo, a pesar del aparente delirio, eran muy habili­dosos colocando los pies únicamente sobre los troncos que las llamas todavía no habían atacado.
»La fiesta continuó con la danza. Docelia, abandonada por Baron-Cimetiére, fue víctima de otro dios y empezó a bailar con los brazos extendidos y los dedos de la mano derecha en forma de cuerno.
»Otra mujer empezó a dar vueltas por el suelo con violentas convulsiones. Se arrancó la parte superior del vestido mientras iniciaba un baile endiablado.
»La música se volvió cada vez más frenética. Únicamente con la llegada del alba los bailarines extenuados cayeron todos sobre las esteras.
»La noche siguiente se repitieron los mismos ritos.»

El ciclo de estas ceremonias, que acaba con gran pompa la noche de Navidad, tiene como ojetivo esencial aportar suerte y per­mitir que los sacerdotes preparen con la mayor solemnidad posi­ble los polvos mágicos que podrán utilizar luego en los distintos tratamientos terapéuticos o, por lo menos, por cada tipo de filtro de amor, de odio, de acercamiento, de alejamiento, de riqueza,
de protección, etc.
La fiesta que describe el estudioso francés no tiene nada que ver con la Navidad cristiana; lo que pone en común a las dos ce­remonias no es más que la coincidencia de fechas. La ceremonia Vudú es una ceremonia mágica que tiene como objetivo captar esa fuerza difusa que se llama fortuna y preservar sortilegios. El único parecido con la Navidad cristiana sólo estriba en la partici­ pación de todos los fieles en la ceremonia, algo que, por otra parte, es común en todos los rituales y ceremonias, sea cual sea su confesión religiosa.
Este aspecto es típico de las formas de magia más cercanas a la religión que generalmente se expresa con ceremonias popula­res y colectivas (podemos pensar en las antiguas fiestas del sol como en la Santa Misa Católica, las hogueras de San Juan, etc.).
De todos modos, en las prácticas mágicas, el practicante puede celebrar la ceremonia en solitario o en grupo.
Lo que es indispensable, si decide que alguien le asista, es que todos los participantes celebren el ritual con la intención de que se cumpla el mismo deseo. Además, debe existir una per­fecta confianza entre los participantes, a menos que queramos fracasar o, peor aún, desencadenar energías negativas. Si, por lo tanto, se tiene la más mínima duda sobre los colaboradores, será mejor actuar solo.