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En el año 1700, la influencia de la Iglesia sobre la sociedad fue perdiendo gradualmente el poder que había detentado. Gracias a ello, las diversas logias masónicas y herméticas se difundieron rápidamente y volvieron a descubrirse muchos secretos que habían permanecido ocultos y olvidados desde hacía más de un siglo.
El sueco Emmanuel Swedenborg, filósofo y científico de gran renombre en su época, fundó un sistema teosófico de gran envergadura e incluso una verdadera iglesia, centrando su interés en el estudio de fenómenos parapsicológicos como la clarividencia y el viaje astral.
Una figura ilustre de este periodo fue también Franz Anton Mesmer, médico alemán, creador de la teoría del magnetismo animal, basada en la hipótesis de que cada organismo poseía un fluido magnético que podía ser transmitido a los demás que constituye el primer intento de interpretar de forma científica diversos fenómenos paranormales.
Entre el final del siglo XVIII y el principio del XIX, la tradición mágica se resintió mucho de la difusión de la mentalidad positivista y racionalista. De hecho, empezaron a aparecer círculos de estudiosos que intentaban interpretar los fenómenos mágicos desde un punto de vista científico. Además, no debemos olvidar que durante estos años, de forma paralela a la difusión de un pesante materialismo, aumentó notablemente la popularidad del espiritismo. Las sesiones espiritistas, cada vez más comunes, absorbieron buena parte de la atención de todos los que se interesaban en el mundo de lo oculto. Entre los ocultistas más grandes de la época, el puesto de honor pertenece a Eliphas Levi, abad católico francés que se ocupó de forma particular de la interpretación de la cábala y del estudio del tarot.
Mientras tanto, al final del siglo XIX se fundaba la Sociedad Teosófica de la médium rusa Elena Petrovna Blavatsky, que entre otras cosas tuvo el mérito de llevar a término uno de los primeros intentos modernos de síntesis entre el ocultismo occidental y las tradiciones orientales.
Unos años más tarde, en una época ya contemporánea, nació en Inglaterra otra importante sociedad secreta, la Golden Dawn, que se dedicaba a los estudios mágicos con una perspectiva más occidental, retomando la tradición de los rosacruces y utilizando, además de la cábala, la magia ceremonial egipcia. Los adeptos más ilustres de esta sociedad fueron Aleister Crowley y Dion Fortune. Se dedicaron, en particular, a la reconstitución de los ritos más antiguos, clásicos y egipcios, y a la investigación de las correspondencias descubiertas a través de la comparación entre las varias formas de mitología; también intentaron sintetizar tales correspondencias a través de la cábala y, más concretamente, con el Árbol de la Vida.
Quien desee profundizar un poco más en la historia del [[ocultismo]] así como en algunas de sus manifestaciones, puede consultar los siguientes libros:
- Adriana Bolchini, Guía de la magia blanca;
- Equipo de Expertos Ómicron, El libro de la magia blanca;
- Equipo de expertos Osiris, Manual práctico del espiritismo;
- Osvaldo Pegaso, El gran libro de la magia y de la brujería;
- Laura Tuan, El gran libro práctico de la parapsicología y El gran libro de las ciencias ocultas.
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