Interpretación de los sueños |
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Las fases del sueñoAl principio de la década La actividad de las ondas cerebrales registradas en el electroencefalograma (EEG), presenta diferentes niveles mientras dormimos y soñamos. Cada noche se repite varias veces un proceso cíclico del sueño, que va de más ligero a más denso y suele durar aproximadamente 90 minutos. Durante este tiempo, el sueño pasa por cuatro fases diferenciadas. La cuarta fase es el nivel más profundo del sueño y, cuanto más cansados estemos física y mentalmente por el ajetreo diurno, más tiempo pasaremos en este estadio que se caracteriza por la aparición en el EEG de ondas grandes y lentas. De la cuarta fase se vuelve a la primera, pasando nuevamente por las fases intermedias, y al llegar otra vez al estadio uno, es cuando se produce el período REM.
Si en este momento se despierta a la persona que duerme, es fácil que recuerde con detalle lo que está soñando. Se trataría, por lo general, de sueños con mucha actividad y dinamismo. Pero curiosamente —quizá como sabia contrapartida a la febril actividad onírica del período REM— se produce en el organismo una hipotonía muscular que prácticamente anula el movimiento. (¡Así se garantiza que no salgamos andando mientras soñamos!) La segunda y tercera fases del sueño tienen también sus características propias. En la segunda, por ejemplo, suelen registrarse sueños tranquilos en los que a veces se desarrolla cierta actividad creativa e intelectual, con encuentros y conversaciones. En esta fase es cuando se manifiestan los efectos del sonambulismo en aquellas personas que lo padecen. Hasta ahora la ciencia no ha dado ninguna solución médica a este fenómeno, aunque sí ha detectado diferencias en la forma en que el cerebro del sonámbulo responde a los estímulos sensoriales que le llegan durante el sueño. Otra de las característi La tercera fase del sueño es el comienzo del sueño profundo. Durante este periodo aumentan considerablemente los impulsos eléctricos cerebrales, llegando incluso hasta 300 microvoltios, cuando lo normal en horas de vigilia son unos 60 microvoltios. En este estadio del sueño cuesta mucho despertarse, y rara vez se tiene conciencia de haber estado soñando. Los ciclos del sueño se estiman en una duración media de 90 minutos y se repiten de tres a cinco; veces cada noche. Progresivamente, en cada uno de' ellos va disminuyendo el tiempo que permanecemos en sueño profundo, a la vez que aumenta el tiempo de sueños en período REM. Los ensueños más claros —y los y que pueden recordarse con mayor facilidad— son los que se producen hacia el amanecer, en el último periodo de sueño REM. Los estímulos exterioresLa idea de que una copiosa cena puede ser causa de pesadillas y alteraciones en los sueños se ha convertido ya en una creencia popular. Pero, además de las digestiones pesadas, es frecuente que otras causas de origen interno, como un malestar latente, caries, o incluso un estado febril, influyan muy directamente en la temática del sueño. Un dolor o una sensación demasiado intensa pueden llegar a despertarnos, pero si la intensidad de los ruidos o de las molestias es moderada, lo más probable es que consigamos integrarla dentro del sueño para poder seguir durmiendo tranquilamente. Aunque, eso sí, las imágenes oníricas generalmente guardarán cierta relación con ese estímulo que estamos recibiendo.
Por ejemplo: cuando pasamos frío mientras dormimos o nos quedamos parcialmente destapados, es frecuente soñar con nieve y ventiscas; y si a alguien que duerme se le rocía suavemente la cara con gotas de agua, es muy probable que al despertar recuerde haber tenido un sueño que se desarrollaba en un ambiente lluvioso. El zumbido de un mosquito, un brazo que queda colgando de la cama, la monotonía de un grifo que gotea, pueden convertirse también en estímulos que provocan motivos oníricos determinados. Por eso, antes de considerar el posible mensaje de un sueño que nos haya resultado especialmente realista, conviene observar hasta qué punto no habrán influido en él las circunstancias del entorno que nos rodea.
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de los cincuenta, Nathaniel Kleitman, profesor por aquel entonces de la
cas de la fase dos consiste en la facilidad para despertarse a causa de pequeños ruidos o murmullos, mientras que un sonido fuerte, como puede ser incluso el de una explosión, no conseguiría despertar a quien se encontrase durmiendo en ese determinado momento.
Alfred Maury realizó las primeras investigaciones sobre la actividad sensorial que mantienen los durmientes, y se comprobó que algunos estímulos ajenos a la persona que duerme, como los cambios de temperatura, los olores, los ruidos, la humedad o ciertos objetos en contacto con la piel, inciden en sus sueños.
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