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Poster tipográfico de la fuente Gabardina del diseñador gráfico freelance: deFharo

Horóscopo celta

SERBAL

(1/4 al 10/4) y (4/10 al 13/10)


Serbal : Etéreo

Relacionado con los videntes y los lugares oraculares. El nativo serbal es frágil pero resiste firme los embates de la vida. Solidario con las penas ajenas, no pierde sin embargo el optimismo. Su gusto por las complicaciones y una excesiva tensión dañan su salud. Elegante y delicado, obtiene el éxito en actividades artísticas. Enamorado, pasional e impetuoso, cambia a menudo de pareja. Color: Gris Claro.
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Interpretación de los sueños

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Las fases del sueño

Al principio de la década de los cincuenta, Nathaniel Kleitman, profesor por aquel entonces de la Universidad de Chicago, descubrió, junto con Eugene Aserinsky, que en un ciclo normal de sueño se producían de tres a cinco períodos durante los cuales los ojos del durmiente se movían con gran rapidez. Es justamente en estos períodos denomina­dos REMRapid-Eye-Movement— o MOR Movimiento Rápido de Ojos— cuando se producen los sueños más vívidos y espectaculares.

La actividad de las ondas cerebrales registra­das en el electroencefalograma (EEG), presenta dife­rentes niveles mientras dormimos y soñamos. Cada noche se repite varias veces un proceso cíclico del sueño, que va de más ligero a más denso y suele durar aproximadamente 90 minutos.

Durante este tiempo, el sueño pasa por cuatro fases diferenciadas. La cuarta fase es el nivel más profundo del sueño y, cuanto más cansados estemos física y mentalmente por el ajetreo diurno, más tiempo pasaremos en este estadio que se caracteriza por la aparición en el EEG de ondas grandes y lentas. De la cuarta fase se vuel­ve a la primera, pasando nuevamente por las fases intermedias, y al llegar otra vez al estadio uno, es cuando se produce el período REM.

 

Si en este momento se despierta a la persona que duerme, es fácil que recuerde con detalle lo que está soñando. Se trataría, por lo general, de sueños con mucha activi­dad y dinamismo. Pero curiosamente —quizá como sabia contrapartida a la febril actividad onírica del período REM— se produce en el organismo una hipo­tonía muscular que prácticamente anula el movi­miento. (¡Así se garantiza que no salgamos andando mientras soñamos!)

La segunda y tercera fases del sueño tienen también sus características propias. En la segunda, por ejemplo, suelen registrarse sueños tranquilos en los que a veces se desarrolla cierta actividad creativa e intelectual, con encuentros y conversaciones.

En esta fase es cuando se manifiestan los efectos del sonambulismo en aquellas personas que lo padecen. Hasta ahora la ciencia no ha dado ninguna solución médica a este fenómeno, aunque sí ha detectado dife­rencias en la forma en que el cerebro del sonámbulo responde a los estímulos sensoriales que le llegan durante el sueño.

Otra de las características de la fase dos con­siste en la facilidad para despertarse a causa de pequeños ruidos o murmullos, mientras que un soni­do fuerte, como puede ser incluso el de una explo­sión, no conseguiría despertar a quien se encontrase durmiendo en ese determinado momento.

La tercera fase del sueño es el comienzo del sueño profundo. Durante este periodo aumentan considerablemente los impulsos eléctricos cerebra­les, llegando incluso hasta 300 microvoltios, cuando lo normal en horas de vigilia son unos 60 microvoltios. En este estadio del sueño cuesta mucho desper­tarse, y rara vez se tiene conciencia de haber estado soñando.

Los ciclos del sueño se estiman en una dura­ción media de 90 minutos y se repiten de tres a cinco; veces cada noche. Progresivamente, en cada uno de' ellos va disminuyendo el tiempo que permanecemos en sueño profundo, a la vez que aumenta el tiempo de sueños en período REM. Los ensueños más claros —y los y que pueden recordarse con mayor facili­dad— son los que se producen hacia el amanecer, en el último periodo de sueño REM.

Los estímulos exteriores

La idea de que una copiosa cena puede ser causa de pesadillas y alteraciones en los sueños se ha convertido ya en una creencia popular. Pero, ade­más de las digestiones pesadas, es frecuente que otras causas de origen interno, como un malestar latente, caries, o incluso un estado febril, influyan muy directamente en la temática del sueño.

Un dolor o una sensación demasiado intensa pueden llegar a despertarnos, pero si la intensidad de los ruidos o de las molestias es moderada, lo más probable es que consigamos integrarla dentro del sueño para poder seguir durmiendo tranquilamente. Aunque, eso sí, las imágenes oníricas generalmente guardarán cierta relación con ese estímulo que esta­mos recibiendo.

Alfred Maury realizó las primeras investigacio­nes sobre la actividad sensorial que mantienen los durmientes, y se comprobó que algunos estímulos ajenos a la persona que duerme, como los cambios de temperatura, los olores, los ruidos, la humedad o ciertos objetos en contacto con la piel, inciden en sus sueños.

Por ejemplo: cuando pasamos frío mientras dormimos o nos quedamos parcialmente destapados, es frecuente soñar con nieve y ventiscas; y si a alguien que duerme se le rocía suavemente la cara con gotas de agua, es muy probable que al despertar recuerde haber tenido un sueño que se desarrollaba en un ambiente lluvioso.

El zumbido de un mosqui­to, un brazo que queda colgando de la cama, la monotonía de un grifo que gotea, pueden convertirse también en estímulos que provocan motivos oníricos determinados.

Por eso, antes de considerar el posible mensaje de un sueño que nos haya resultado espe­cialmente realista, conviene observar hasta qué punto no habrán influido en él las circunstancias del entorno que nos rodea.